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Testimonio de paciente con epicondilitis crónica curada con Terapia Biológica PRP

Testimonio de paciente con epicondilitis crónica curada con Terapia Biológica PRP
7 Octubre, 2015 SportMe

Testimonio de paciente con epicondilitis crónica curada con Terapia Biológica PRP

Mi problema empezó en el año 2013.

Sobre el mes de junio, comencé a notar molestias en el codo izquierdo, de poca intensidad e intermitentes, pero conforme iban pasando las semanas se iban haciendo cada vez más constantes y pasaron también al codo derecho, con lo que acudí­ al médico de cabecera (Seguridad Social).

Mi médico me examinó de forma manual y superficial ambas articulaciones y determinó que mi lesión era una epicondilitis en cada codo. Determinó que la solución eran infiltraciones de corticoides, las cuales me las hicieron en el mismo ambulatorio, sin ser Ecoguiadas.

Comenzaron por el codo izquierdo, que era el que más me molestaba. Me pincharon Trigón, me dijeron que realizara estiramientos y que si seguí­a con las molestias, que volviese a ir.

Al principio noté mejorí­a debido a la parte de anestesia que contení­a la infiltración, pero cuando el efecto de ésta cesó, las molestias pasaron a ser dolores.

Volví­ a ir al ambulatorio, donde se repitió el proceso y, para cuando se pasó el efecto anestésico de ese segundo pinchazo, los dolores habí­an alcanzado el punto de provocarme el llanto.

Al ser tan agudos y constantes durante las 24h. del dí­a, me impedí­an hacer vida normal, ya que el simple hecho de llenar un vaso de agua, levantar una sartén, descolgar una percha del armario, conducir, desenchufar la estufa o lavarme el pelo, se convertí­an en tareas muy dolorosas y dificultosas para mí­.

epicondilitis dolor de codo

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Llegados a este punto, fui por tercera vez al médico de cabecera, pero esta vez para suplicarle que me derivara al especialista. Habí­a pasado un año desde el inicio.

Durante esos 12 meses, se habí­an limitado (aparte de a destrozarme el codo) a mandarme toda clase de fármacos y cremas que no tení­an el menor resultado en mí­. Sólo noté algo con las éltimas pastillas que me recetaron, que tuvieron que pedirse expresamente al laboratorio ya que por lo visto no se suelen recetar debido a lo fuertes que son y a los efectos secundarios que producen, y aquello que noté fue que no me sentaban bien y tuve que dejarlas: me provocaban mareos leves y jaqueca.

Dicho esto, nos encontramos en el verano de 2014.

Por fin mi médico me deriva al hospital y es entonces cuando por primera vez me realizan una ecografí­a.

La doctora que me atendió me comentó que tení­a el codo muy mal, que era crónico, que no se explicaba cómo habí­an podido hacerme eso en el ambulatorio sin ver antes qué era exactamente lo que tení­a y qué podrí­a haberme venido bien, y que, en resumen, ya era tarde.

O bien me operaba, cosa que me desaconsejó diciéndome que de cada 10 operaciones como la que tendrí­an que hacerme a mí­, 8 salí­an mal, o bien me quedaba como estaba y contara con que empeorarí­a cada vez más con el paso del tiempo.

Ante mi negativa a la operación, me propuso infiltrarme por éltima vez de forma ecoguiada, a la vez que me practicaba un sangrado con la aguja, como éltima opción. Acepté y no noté absolutamente nada: ni mejorí­a ni empeoramiento.

Antes de cerrar mi expediente, dicha doctora y un compañero suyo me comentaron que habí­a un tratamiento experimental que consistí­a en inyectar una toxina al paciente en la zona afectada, de manera que ésta perdiera la movilidad por completo y se quedara “muerta”, para ver si así­, teniendo el codo forzosamente en reposo absoluto, se solucionaba el problema por sí­ solo (palabras textuales).

Efectos secundarios:

  • No sabí­an cuándo podrí­a volver a mover el brazo (me hablaron incluso de meses), ya que no tení­an referencias fiables al ser un tratamiento experimental.
  • Era probable que a través de la sangre, la toxina se extendiera por mi cuerpo y dejara inmóvil otras partes del mismo por tiempo ilimitado.

Conclusión: empezé a buscar una solución profesional y civilizada por la ví­a privada.

Acudí­ a una clí­nica de traumatologí­a deportiva recomendada por personas con mi mismo problema. Estuve desde, aproximadamente, el otoño de 2014, hasta el fin de las navidades.

En dicha clí­nica me aplicaron distintos tratamientos:

Empezaron por fisioterapia manual y punciones en seco para continuar con EPI (descargas eléctricas ecoguiadas en la zona afectada)

El objetivo era romper las calcificaciones que se me habí­an formado a la vez que se intentaba reparar la cortical del hueso, que tení­a muy dañada.

Dichos tratamientos me los aplicaban en función de mi estado, ya que habí­a dí­as que el simple hecho de rozarme con el dedo el codo me producí­a dolor. De esta forma, acudí­a una vez en semana dejando en medio una o dos semanas de descanso.

Fue un proceso muy doloroso. Tuve un poco de mejorí­a a lo largo del tiempo hasta que, sobre el mes de diciembre, me estanqué.

Se decidió así­ interrumpir el tratamiento y me ofrecieron operarme, opción que yo descarté.

Pasamos a febrero de 2015.

Un conocido de mi pareja nos habla del Dr. Bernáldez y acudo a su consulta.

En la primera visita, relato lo ocurrido y aporto ecografí­as de la anterior clí­nica. El doctor mantiene una conversación conmigo y me comenta que la mejor solución a mi problema es un tratamiento de plasma rico en plaquetas.

epicondilitis codo terapia biologica Sportme

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Dicho tratamiento consta de tres infiltraciones de la propia sangre centrifugada del paciente, extraí­da previamente.

De sesión en sesión he podido comprobar cómo he ido mejorando, al principio más lentamente y al finalizar de manera notable, cosa que me sorprendió teniendo en cuenta mis antecedentes y el estado en el que estaba la lesión cuando me puse en manos del Dr. Bernáldez.

Para terminar, me puso una infiltración para bajar la inflamación que tení­a al lado de la zona tratada. Aquí­ pude comprobar cómo, cuando las cosas se hacen de manera correcta, las consecuencias en el paciente sólo son beneficiosas.

Todo ello provocó que los dolores desaparecieran y pude por fin, en septiembre de 2015, empezar a llevar una vida normal.

Infiltracion Ecoguiada epicondilitis codo Sportme

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Intento no hacer sobreesfuerzos ni coger peso porque todaví­a noto molestias en dichas circunstancias, pero estoy muy satisfecha con el resultado final, ya que es más de lo que yo esperaba: el no haber podido realizar los actos cotidianos más simples sin que el dolor me hiciera llorar, me parecen ahora un recuerdo lejano gracias a la mejorí­a que he experimentado.

Dicho esto, sólo me queda agradecerle al Dr. Bernáldez, a Pilar y a Marí­a Isabel, todo lo que han hecho por mí­ y el cariño con el que me han tratado en todo momento.

Espero que mi testimonio sea de utilidad.

Un gran saludo.

Isabel.

6 de octubre de 2015

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