Una tendinopatía que no mejora, un esguince que deja sensación de inestabilidad o un dolor articular que reaparece al aumentar la carga no se resuelven automáticamente con una infiltración. La decisión entre PRP o proloterapia deportiva exige identificar con precisión qué tejido está lesionado, en qué fase se encuentra y qué factores están impidiendo la recuperación. El tratamiento adecuado no sustituye a la readaptación: puede crear mejores condiciones biológicas y mecánicas para que esta funcione.
En medicina deportiva, ambas técnicas se utilizan dentro de un plan individualizado y, cuando está indicado, con guía ecográfica. Sin embargo, no son equivalentes ni tienen las mismas aplicaciones. Elegir bien empieza por un diagnóstico clínico, funcional y de imagen que responda a una pregunta básica: ¿qué necesita realmente ese tendón, ligamento o articulación para volver a tolerar carga?
PRP o proloterapia deportiva: la diferencia esencial
Contenidos
El plasma rico en plaquetas, conocido como PRP, se obtiene a partir de una muestra de sangre del propio paciente. Tras procesarla, se concentra una fracción con plaquetas y moléculas que participan en la señalización de los procesos de reparación tisular. El preparado se infiltra en el área indicada, habitualmente mediante ecografía, para aumentar la precisión y evitar estructuras sensibles.
La proloterapia suele consistir en la infiltración de una solución irritante controlada, con frecuencia de dextrosa hipertónica, en estructuras concretas. Su objetivo es provocar una respuesta inflamatoria localizada y modulada que favorezca la reparación y la reorganización del tejido. En algunos contextos también se habla de proloterapia con otros agentes, por lo que conviene conocer exactamente qué sustancia se propone y por qué.
La diferencia no es solo el producto infiltrado. El PRP busca aportar señales biológicas autólogas relacionadas con la reparación; la proloterapia pretende estimular una respuesta reparativa local. En ambos casos, el resultado depende de la indicación, de la técnica, de la precisión de la infiltración y, de forma decisiva, de la progresión posterior de cargas.
Cuándo puede estar indicado el PRP
El PRP se considera especialmente en determinadas lesiones musculoesqueléticas con evolución persistente o degenerativa, sobre todo cuando el tratamiento conservador bien realizado no ha dado una respuesta suficiente. Es habitual valorar su uso en tendinopatías como las del tendón rotuliano, Aquiles, epicondíleo o manguito rotador, siempre con matices según el diagnóstico y la evidencia disponible para cada localización.
También puede formar parte del abordaje de algunas patologías articulares, como la artrosis leve o moderada, y de lesiones de tejidos blandos seleccionadas. No todas las roturas musculares, desgarros tendinosos o lesiones de cartílago se benefician de la misma forma. Por ejemplo, una rotura tendinosa completa con pérdida funcional puede requerir una valoración quirúrgica antes que una terapia biológica.
La calidad del PRP no es idéntica en todos los casos. Existen variaciones en la concentración de plaquetas, leucocitos, volumen infiltrado y protocolo de preparación. Por eso, hablar de PRP como si fuera un producto único simplifica en exceso una decisión clínica que debe basarse en el tipo de lesión y el objetivo terapéutico.
En qué casos se valora la proloterapia
La proloterapia puede plantearse en cuadros de dolor persistente relacionados con estructuras ligamentarias, inserciones tendinosas o ciertas alteraciones de estabilidad funcional. En el ámbito deportivo puede resultar una opción a considerar cuando existe dolor localizado, cambios crónicos del tejido y una indicación clara tras la exploración y la ecografía.
Su papel debe evaluarse con prudencia. La evidencia científica no tiene la misma solidez para todas las patologías ni permite prometer resultados uniformes. En algunas personas puede ser una alternativa útil dentro de un programa de rehabilitación; en otras, el PRP, una infiltración de otra naturaleza, la fisioterapia dirigida o una intervención quirúrgica pueden ser opciones más razonables.
No se debe usar la proloterapia para enmascarar una lesión que requiere descanso relativo, corrección técnica o tratamiento específico. Un deportista con dolor inguinal, por ejemplo, puede tener afectación de aductores, pubalgia, cadera, pared abdominal o una combinación de factores. Infiltrar sin delimitar el origen del dolor solo retrasa el tratamiento correcto.
Lo que determina la elección: diagnóstico, carga y objetivos
La misma resonancia no justifica el mismo tratamiento en dos pacientes. Una imagen debe interpretarse junto con la exploración física, la historia de carga, la fuerza, el rango de movilidad y las demandas deportivas. Un corredor que prepara una media maratón, una jugadora de pádel y una persona activa con dolor al subir escaleras pueden compartir un hallazgo tendinoso, pero necesitar estrategias muy distintas.
Antes de indicar PRP o proloterapia deportiva, el especialista debe determinar si el dolor procede realmente de la estructura que se pretende tratar. La ecografía musculoesquelética permite evaluar tendones, bursas, ligamentos y articulaciones en tiempo real, comparar con el lado contrario y guiar el procedimiento con precisión. En lesiones complejas, puede complementarse con radiografías, resonancia magnética u otras pruebas.
También importa el momento clínico. Una lesión aguda reciente no se maneja igual que una tendinopatía de dos años de evolución. En fase aguda, controlar síntomas, proteger el tejido y recuperar movilidad puede ser prioritario. En procesos crónicos, el reto suele ser mejorar la capacidad del tejido para tolerar una carga progresiva. Las terapias infiltrativas pueden ser un apoyo, pero no sustituyen el trabajo de fuerza ni corrigen por sí solas una mala distribución de cargas.
La infiltración es una parte del tratamiento, no el final
Cuando se indica una terapia biológica o proloterapia, el procedimiento debe integrarse en una secuencia asistencial. Primero se define el diagnóstico y se descartan contraindicaciones. Después se realiza la infiltración en un entorno médico, preferiblemente ecoguiado cuando la localización lo requiera. Es frecuente que aparezca dolor local transitorio durante los primeros días, especialmente tras la proloterapia o algunas aplicaciones de PRP.
El siguiente paso es igual de relevante: establecer un plan de recuperación. Según la lesión, puede incluir reposo relativo breve, movilidad controlada, fisioterapia, ejercicio terapéutico, fortalecimiento progresivo y readaptación específica al deporte. El retorno a correr, saltar, cambiar de dirección o competir debe guiarse por criterios funcionales, no únicamente por el paso de las semanas.
En Clínica Bernáldez SportMe, este enfoque se apoya en la coordinación entre medicina deportiva, ecografía intervencionista, fisioterapia y readaptación funcional. La meta no es solo reducir el dolor, sino recuperar movilidad, fuerza, confianza y capacidad para volver a la actividad con el menor riesgo posible de recaída.
Riesgos, límites y situaciones que requieren cautela
Como cualquier procedimiento médico, PRP y proloterapia pueden causar dolor posterior, inflamación local, hematoma o, de forma infrecuente, infección. Una técnica estéril, una indicación correcta y el seguimiento clínico reducen riesgos, pero no los eliminan por completo. Los antecedentes médicos, la medicación y el estado general del paciente deben revisarse antes de tratar.
Hay casos en los que conviene detenerse y reevaluar. Dolor nocturno intenso, fiebre, inflamación marcada, pérdida rápida de fuerza, bloqueo articular, traumatismo de alta energía o síntomas neurológicos requieren valoración médica prioritaria. Del mismo modo, una lesión con indicación quirúrgica no debería demorarse confiando en que una infiltración resuelva un problema estructural.
Tampoco es responsable prometer una vuelta inmediata al deporte. La mejoría puede ser gradual y la respuesta varía entre pacientes. La edad, el estado del tejido, el tabaquismo, el sueño, la nutrición, enfermedades metabólicas y el cumplimiento de la rehabilitación influyen de manera real en el resultado.
La elección entre PRP y proloterapia debe responder a una pregunta clínica concreta, no a una tendencia ni a la urgencia por competir. Cuando el diagnóstico es preciso y el tratamiento se acompaña de una readaptación bien dirigida, el objetivo deja de ser simplemente aliviar el dolor: es devolver al tejido la capacidad de responder con seguridad a la vida activa que el paciente quiere recuperar.