Cómo preparar la rodilla para cirugía: 8 pasos

Una cirugía de rodilla no empieza el día de la intervención. Empieza semanas antes, con decisiones que influyen en el control del dolor, la recuperación de la movilidad y la vuelta a la vida activa. Saber cómo preparar la rodilla para cirugía permite llegar al procedimiento con mejores condiciones físicas, expectativas realistas y un plan claro para los primeros días posteriores.

La preparación siempre debe adaptarse al diagnóstico y a la técnica indicada. No es igual una artroscopia por lesión meniscal que una reconstrucción de ligamento cruzado anterior, una osteotomía o una prótesis de rodilla. La edad, el nivel de actividad, el estado del cartílago, las enfermedades asociadas y el apoyo disponible en casa también modifican el plan. Por eso, las indicaciones de su traumatólogo y del equipo anestésico deben prevalecer sobre cualquier recomendación general.

Cómo preparar la rodilla para cirugía desde semanas antes

El objetivo prequirúrgico no es forzar una rodilla dolorosa ni intentar “ponerse en forma” en pocos días. Se busca conservar el mejor rango de movimiento posible, mantener la musculatura activa y reducir factores que pueden complicar la recuperación. En cirugía ortopédica, llegar con una buena extensión de rodilla y con activación del cuádriceps suele ser especialmente relevante.

1. Complete la evaluación preoperatoria

Las pruebas preoperatorias confirman que el procedimiento puede realizarse con seguridad y permiten anticipar necesidades específicas. Según el caso, pueden incluir análisis de sangre, electrocardiograma, estudios de imagen y valoración por anestesia. Informe con precisión sobre alergias, cirugías previas, antecedentes de trombosis, apnea del sueño, problemas cardíacos, diabetes, hipertensión o infecciones recientes.

También conviene comunicar cualquier suplemento, tratamiento hormonal, medicamento de venta libre o producto natural que esté tomando. Algunos fármacos y suplementos pueden aumentar el riesgo de sangrado, afectar la anestesia o interferir con la cicatrización. No suspenda ni mantenga un medicamento por cuenta propia: el ajuste debe indicarlo el profesional que conoce su historia clínica.

2. Trabaje la movilidad y la fuerza sin agravar los síntomas

La fisioterapia preoperatoria, también llamada prehabilitación, puede ser útil para muchos pacientes. Su finalidad es enseñar ejercicios que se utilizarán después de la cirugía, mejorar el control muscular y preparar una marcha más segura con muletas o andador si fueran necesarios.

Los ejercicios más adecuados dependen de la lesión. En algunas personas se prioriza recuperar la extensión completa de la rodilla; en otras, controlar la inflamación, activar cuádriceps y glúteos, o mantener la movilidad de cadera y tobillo. El dolor intenso, el aumento importante de derrame articular o la sensación de bloqueo no son señales para insistir. Ajustar la carga a tiempo protege la articulación y evita llegar a cirugía con una reagudización.

Para un deportista, este periodo también permite planificar la readaptación futura. La vuelta a correr, saltar, cambiar de dirección o competir no depende solo de que la herida haya cerrado. Requiere recuperar fuerza, estabilidad, coordinación y tolerancia progresiva a la carga.

3. Controle inflamación, dolor y estado de la piel

Una rodilla muy inflamada puede limitar el movimiento y dificultar la recuperación inicial. El equipo médico puede indicar medidas como reposo relativo, frío local, elevación, compresión o tratamiento farmacológico. Úselas según la recomendación recibida y no aplique hielo directamente sobre la piel.

Revise también la piel de la pierna y del pie. Heridas, erupciones, picaduras infectadas, úlceras, irritación tras el afeitado o signos de infección deben notificarse antes de la intervención. La cirugía puede reprogramarse si existe un riesgo infeccioso activo, porque prevenir una infección articular es prioritario.

4. Prepare la alimentación y los hábitos que favorecen la cicatrización

La recuperación necesita energía y proteína suficiente. En las semanas previas, priorice una alimentación variada con proteínas de calidad, frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y una hidratación adecuada. Si existe sobrepeso, una reducción gradual y supervisada puede disminuir la carga sobre la articulación, pero las dietas restrictivas justo antes de la operación no son una buena estrategia.

La diabetes requiere un control especialmente cuidadoso, ya que niveles altos de glucosa se asocian con peor cicatrización y mayor riesgo de infección. Si fuma o utiliza nicotina en cualquier formato, es recomendable abandonar su consumo con la mayor antelación posible. La nicotina perjudica la circulación y la reparación de los tejidos. Reducir o evitar el alcohol también facilita un manejo anestésico más seguro.

5. Aclare el manejo de medicamentos antes de la operación

Los anticoagulantes, antiagregantes, antiinflamatorios, medicamentos para la diabetes y algunos tratamientos biológicos requieren instrucciones individualizadas. Una pauta incorrecta puede elevar el riesgo de sangrado, trombosis, alteraciones de glucosa u otras complicaciones.

Lleve una lista actualizada con el nombre de cada medicamento, dosis y horario. Pregunte expresamente qué debe tomar la noche anterior y la mañana de la cirugía. En especial, no asuma que un medicamento habitual es seguro porque sea de venta libre. Esta conversación evita errores frecuentes en el periodo preoperatorio.

Organice el entorno para la recuperación de rodilla

Una buena intervención puede verse condicionada por los primeros días en casa. Preparar el entorno reduce tropiezos, evita esfuerzos innecesarios y permite concentrarse en caminar, hacer los ejercicios indicados y controlar el dolor.

Retire alfombras sueltas, cables y objetos del paso. Deje a mano agua, teléfono, cargador, medicamentos prescritos, compresas frías y artículos de higiene. Si habrá limitación para subir escaleras, organice un espacio temporal en una sola planta cuando sea posible. Un asiento firme con reposabrazos y un baño accesible suelen facilitar las transferencias.

Confirme antes de la cirugía quién le acompañará el día del alta y durante las primeras 24 a 72 horas. Tras anestesia o sedación no debe conducir ni tomar decisiones relevantes. Según el procedimiento, quizá necesite ayuda para preparar comida, atender a niños, cuidar mascotas o desplazarse a fisioterapia.

Practique el uso de muletas o andador

Aprender a utilizar los apoyos antes de la operación reduce inseguridad después. La altura debe estar bien ajustada y el patrón de marcha dependerá de si puede apoyar peso, apoyar parcialmente o mantener descarga completa. Estas indicaciones cambian según la cirugía y no deben improvisarse.

En algunos casos, practicar cómo sentarse, levantarse, entrar al automóvil o subir un escalón evita movimientos bruscos. Si vive solo, tiene poca estabilidad o presenta problemas de equilibrio, coméntelo durante la consulta para valorar apoyos adicionales.

La víspera y el día de la cirugía

Siga de forma estricta las indicaciones de ayuno del equipo anestésico. No prolongue ni acorte ese ayuno por iniciativa propia. Las recomendaciones sobre líquidos claros, alimentos sólidos y medicamentos pueden variar según la hora de la intervención, el tipo de anestesia y sus condiciones de salud.

La noche anterior, dúchese siguiendo las pautas recibidas. No aplique cremas, lociones, maquillaje ni esmalte de uñas si se le ha indicado evitarlo. Tampoco rasure la zona quirúrgica con cuchilla, salvo que el equipo lo solicite específicamente: pequeñas lesiones en la piel pueden aumentar el riesgo de infección.

El día de la cirugía, use ropa cómoda y holgada que pueda colocarse sobre un vendaje. Lleve sus documentos, estudios relevantes, lista de medicamentos y los dispositivos que le hayan pedido, como muletas o una rodillera. Deje joyas y objetos de valor en casa.

Prepare también las expectativas

La recuperación rara vez es lineal. Es habitual experimentar días de mayor rigidez, inflamación o cansancio, especialmente al aumentar la actividad o iniciar una nueva fase de rehabilitación. Lo relevante es la evolución global, no comparar cada jornada con la anterior ni con la experiencia de otra persona.

Antes de operarse, pregunte cuál será el objetivo funcional de las primeras semanas: controlar dolor e inflamación, recuperar extensión, iniciar apoyo, doblar la rodilla hasta cierto grado o proteger una reparación. Entender estas metas ayuda a cumplir el tratamiento y a detectar cuándo algo se aleja de lo esperado.

Consulte de inmediato si aparecen fiebre, dolor desproporcionado que no mejora con la pauta indicada, falta de aire, dolor o hinchazón marcada en la pantorrilla, enrojecimiento progresivo de la herida o salida de líquido. Una comunicación temprana permite valorar cada situación con rapidez.

En Clínica Bernáldez SportMe, la preparación prequirúrgica se entiende como una parte activa del tratamiento: diagnóstico preciso, planificación individual y coordinación con fisioterapia y readaptación cuando el caso lo requiere. Llegar bien preparado no elimina todos los retos de una cirugía de rodilla, pero le permite afrontarlos con más seguridad y con una meta concreta: recuperar movimiento, confianza y capacidad para volver a hacer lo que le importa.

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